jueves, 9 de agosto de 2012

Un talento inútil


Todos tenemos un talento especial, pero algunos tardan más que otros en descubrirlo.  En ocasiones uno puede llegar a pensar que su talento es inútil. Eso me sucedió a mí al percatarme de que lo mío era la palabra escrita. Pensé, ¿de qué podría servirme esto?

La gente de mi ciudad no está muy acostumbrada a leer, y admito que incluso yo en ocasiones no he tenido ganas de hacerlo. Pero hay muchos tipos de literatura, así como hay muchos tipos de música y una gran variedad de deportes, todos dirigidos a ciertos tipos de personas. Es decir que no tengo la necesidad de caer en un cliché. Llenar una página de datos y palabras rimbombantes no es precisamente lo mío, sino más bien llenarla de emociones, deseos y pensamientos que surgen muy dentro de mí. Mi talento es el de transmitir eso que pienso y siento a otras personas, y tal vez con ello proporcionarles una perspectiva diferente de las cosas… ¿Y esto para qué?

Pues bien, la vida no es sólo materia física. Si se tratara sólo de sobrevivir, no presentaríamos sentimientos. Sin embargo hemos sido dotados con la capacidad de imaginar, de razonar, de sentir física como internamente. Comparadas con esto, las necesidades biológicas se vuelven un trasfondo de lo que realmente es vivir.

Para iniciar una labor física, primero necesitamos inspiración. Para que alguien creara esos aparatos tecnológicos que nos facilitan la vida y garantizan nuestra supervivencia como especie, tuvo que haber algo que inspirara su espíritu para crear. Un deseo, una visión, algo interno que lo motivara a trabajar lo exterior. Por eso la vida tiene 2 parajes: interior y exterior, físico e intangible, yin y yang.

Mi talento sirve para cultivar esa parte de yin que muchos olvidan porque no se manifiesta a simple vista, pero que es fundamental para que haya una armonía en el ser. Unas simples palabras reflexivas pueden orientar el comportamiento de una persona, pueden inspirarla a crear, pueden hacerla crecer y engrandecer su espíritu; pueden llevarla a la felicidad, que es finalmente lo más añorado para  un ser humano.

Por eso hoy retomo mi talento que creía inútil y me dispongo a hacerlo florecer para que llegue a los rincones más profundos de las personas, a recordarles que las pasiones son las que dan color a nuestra vida.


miércoles, 4 de enero de 2012

Testimonio de mitomanía

Hola, mi nombre es Lisette y hace dos años tuve una relación de noviazgo con un chico mitómano, de la cual quisiera compartir mi experiencia.

Yo tenía tan sólo 14 años de edad, él era 3 años mayor. Me conquistó fácilmente con sus mentiras, envolviéndome fuertemente en una psicosis de realidad.

Él no sólo mentía respecto a su posición social y económica, sino que también respecto a sus condiciones espirituales. Para no hacerla de larga, casi me daba a entender que era una reencarnación de Jesucristo. Además decía ser un vampiro y licántropo que poseía poderes extraordinarios: no sentía dolor (sino que lo fingía para aparentar ser normal), tenía visiones que le revelaban el futuro, poderes curativos, agudeza auricular extrema, la capacidad de ver y hablar con seres divinos, entre muchas otras fantasías.

Llegó a tener tanta influencia en mí que, al yo creerme TODO lo que me decía, comencé a experimentar cosas sobrenaturales que hoy en día me hacen ver el increíble poder de la mente, por simples cuestiones de fe.

Casualmente, un tiempo antes de que sucediera un terremoto de gran intensidad en Chile, él me había contado que se estaba llevando una batalla celestial entre el bien y el mal y él era un partícipe de posición neutral. Aprovechó este fenómeno para acusarse del responsable de esta tragedia, debiéndose a la explosión de energía que ocasionó su contienda contra un arcángel de gran renombre a quien había derrotado. Su testimonio incluía lágrimas aparentemente tan sinceras y sufridas desde el fondo del alma que era imposible pensar que acaso fuese una mentira.

En otra ocasión, la más impactante que alguna vez viví a su lado, nos encontrábamos rumbo a mi casa y en el trayecto me hizo observar en el cielo oscurecido por la noche un par de luces que bien podrían haber sido los destellos de un avión, pero que él nuevamente describía como seres místicos que libraban una batalla. Para cuando llegamos él cargaba una sonrisa vagamente sospechosa; como un acto involuntario señaló una parte en el cielo al tiempo que enunció: ¡Mira! ¡Un ángel cayendo!

El espacio sin duda estaba vacío, por lo que yo concluía que me era imposible observarlo. Pero unos segundos después me ofreció muy dispuesto el concederme la capacidad de verlo, a lo que inmediatamente accedí. Exhaló sobre su mano y la pasó delante de mis ojos. Con tal grado de control mental que tenía sobre mí, efectivamente vislumbré una figura singular descendiendo. Parecía una túnica nívea que cubría un cuerpo invisible, y además una melena de cabello que flotaba y se agitaba en la caída, como si perteneciera a esa cabeza que no podía visualizar. Me pregunté a mí misma: "Si esto es una mentira, ¿por qué lo estoy viendo con mis propios ojos?". Esto tuvo un gran efecto en mi vida y acabó por trastornar mi percepción de la realidad.

Algunos meses después decidió dejarme haciéndome parecer culpable de infidelidades que no cometí. Obviamente esto me destrozó el alma, pues él se había convertido en el icono de mi religión. Pero un par de meses más fueron suficientes para que yo descubriera que en realidad me había engañado todo ese tiempo con otras mujeres, y entonces concebí que si era capaz de fingir ese amor que yo creía inmaculado, también era capaz de haber fingido todo lo demás.

Compartí mi historia con ciertas personas y escuché el término "mitómano" con que lo calificaban. Investigué al respecto y descubrí que un año de mi vida -y afortunadamente sólo uno -había sido una mentira y todo lo que había creído se derrumbaba como una pila de barajas con un soplo de viento.

Aún así, no lograba explicarme cómo había podido presenciar aquella imagen; hasta que mi padre le denominó "hipnosis colectiva". Conocí otros casos de esas manifestaciones y comprendí la gravedad a la que puede llegar la mitomanía.

Desde entonces reconozco fácilmente a este tipo de personas y ésa es la razón por la cual ODIO LAS MENTIRAS.

Quienes lo han vivido, seguramente pueden comprenderlo.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Presentación

Es un gusto presentarme a quienes serán mis lectores, e incluso a quienes se topen por casualidad con este sitio web. He decidido dedicar este blog especialmente a un rincón muy íntimo de mi alma, a esa voz interna que habita en mi mente y de vez en cuando expide ciertas palabras, que llenas o no de razón, revelan a un intangible ser que vive dentro de mi piel.
No espero que este sitio resulte ser más del agrado de otros que del mio propio, y por tanto lo atenderé toda vez que una angustia me acongoje o una inmensa alegría recorra por mis venas, en fin, toda vez que sienta en mí la necesidad de ser libre de expresar mis emociones.
Bien si alguien goce de entretenimiento al leer mis palabras, más aún si hay alguno a quien le sirvan como reflexión. Como quiera que sea el caso, mi fin se orientará al descubrimiento de mi propio ser, con lo que espero encontrar mi camino para llegar a la gloria.